09/03/2011

Vestidos de jamón ibérico

  
  
Genial, por Dios. No siempre coincido con Quim Monzó, pero esta vez, es de carcajada.


Lady Gaga marca la pauta. En la última gala de los premios MTV apareció con un espléndido vestido confeccionado a base de solomillos (bolso incluido) y su ejemplo lo siguen ya otros creadores. El sábado, la sección asalmonada de este diario informaba de que la diseñadora extremeña Patricia Gruart acaba de confeccionar uno con jamón ibérico. Es un vestido escotado y cortito, para que los muslos queden al aire. Está hecho con más de quinientas lonchas de jamón ibérico, cortadas por Nico Jiménez, récord Guinness en la especialidad de tajador de jamón. Según la diseñadora Gruart, se trata de un vestido “rompedor”.

La idea de fabricar vestidos a base de productos alimenticios es muy interesante. Si en vez de zamparse su solomillo con clembuterol, Alberto Contador se hubiese hecho con él unos calzoncillos, no hubiese tenido los problemas que luego ha tenido. La gran variedad de carnes y jamones existente en el mercado permite además una amplia gama de precios, aptos para todo tipo de bolsillos. Ciñéndonos al pernil, los vestidos se pueden confeccionar a base de jamón-jamón o de paletilla, y de jamón serrano o ibérico y, dentro de esta categoría, de ibérico de cebo, de ibérico de cebo campo, de ibérico de recebo y de ibérico de bellota. Es un tipo de costura –alta o de prêtà- porter, según el importe del jamón utilizado– que está destinado a triunfar. ¡Anda que no hubiese disfrutado Carpanta, con un vestido de esos! Pensemos además que, como del cerdo se aprovecha todo, más allá del jamón tenemos la caña de lomo, el morcón, la morcilla... El chorizo incluso. Con un traje a base de lonchas de chorizo finamente cortadas, Francisco Camps estaría espectacular.

Eso sí: habrá que tener cuidado con las implicaciones religiosas de este tipo de confección. Es evidente que muchos de nuestros conciudadanos no podrán lucir vestidos confeccionados a base de derivados del cerdo, por no ser este animal nada halal ni kosher. Mohamed Jordi, por ejemplo, no se pondrá ninguna prenda de esas, ni que esté confeccionada a base de longaniza de Vic. Pero, bueno, precisamente para eso están los vestidos confeccionados con queso: de gruyer, de manchego, de parmesano, de serrat, de roquefort... Y, con sus insinuantes agujeritos, en las noches románticas los vestidos a base de emmental resultan siempre tan excitantes como las semitransparencias. Tendremos también atuendos a base de espaguetis a la boloñesa, de anchoas de l'Escala, de galletas Príncipe Beukelaer y de berenjenas a la vinagreta. Y, evidentemente, ¡para los celiacos vestidos sin gluten! Las posibilidades son infinitas, como infinita es la capacidad creativa de nuestros diseñadores. Si la cocina, al transformarse en tecnoexistencial, ha acabado convertida en pura pasarela de moda, ¿por qué la alta costura no iba a acabar transmutada en un circo gastronómico?